Joan Fernández o el alma de Fibonacci
El pintor Joan Fernández realiza un meditativo trabajo paciente y exhaustivo, pero al mismo tiempo complementariamente también frenético, en la pincelada rápida y catártica encima de la tela, donde trata de sintetizar todo su mundo de inquietud filosofal, obteniendo una estética y erudita obra de arte, en contenido y en continente, más allá de los límites establecidos y que nos transporta a la numeración áurea y la obra iniciática.
Aparentemente puede representar su obra ser en extremo paisajística o a menudo incluso retratista o de personajes convencionales y cotidianos en un entorno evocativo, pero no es así. Nada más alejado de la realidad porque la habilidad de su quehacer, si profundizamos en la pieza artística pormenorizadamente, nos muestra composiciones en estructuración ordenada, no aleatoria matemáticamente. Por ejemplo, donde el número de Fibonacci milagrea ciertamente por encima del tiempo y del espacio, considerado como el ahora y aquí, para extrapolarla a los confines del propio hombre y explicar El Gran Misterio.
Un lenguaje oculto no siempre accesible al neófito que atesora una obra suya; que multiplique al observador las infinitas resonancias de una obra referencial y poco frecuente que ilustra con perfección y detalle hermético un mundo de fina simbología y de atributos de la alquimia más arcana y dorada en un escenario de contemporaneidad indiscutible que lo honra y lo hace ser especial y también precedente.
Si Uno/Uno - 1 = (1 + raíz cuadrada de 5) / 2, que es lo mismo decir FIN (Phi) o Número de Oro Egipcio, es una matemática especializada por Leonardo de Pisa (Fibonacci 117-1230). Joan Fernández lo aplica y me consta espiraladamente en su trabajo con el fin de acercarnos la limitación que en sí es el argumento de la serie o sucesión de Fibonacci (como el cosmos es igualmente expansivo) y que en cada nueva obra de arte nos muestra su quimista obra interior, la perimetración perfecta, transformando el plomo de la rutina en oro de comprensión filosófica como nuevo hito. Y que pincelada a pincelada, Joan Fernández nos explica el álgebra de los problemas geométricos que el ser humano desde el origen ha tenido que dilucidar y trabajosamente cristalizar en la Gran Obra (dando vida a la tercera llama) pintando cuadro a cuadro un camino interior que muestra la dirección hacia el verdadero sentido de todo, destilando la esencia de la angelificación siempre en dirección ascendente.
Al mismo tiempo, un lienzo tiene unas medidas concretas; se tiene que mirar con medida un cuadro y la numerología sigue interviniendo hasta que nos llevamos pagando con una cifra concreta una pieza de arte a casa.
Joan Fernández es un pintor matemático de las leyes que de siempre han marcado este universo de creatividad y de sensibilidad amorosa que es todo este eterno segundo que todos vivimos en el mismo compás del tiempo y del espacio concreto. Una pintura que sobredimensiona y que, a pesar de que no tenga minutero ni hora concreta, siempre nos pertenece hasta llegado el día de encontrar la salida del Gran Laberinto del existir (o rueda de Samsara).
Obra, la de Joan Fernández, con mensaje. Una creación hecha con auténtico arte que nos reta a sacar el quid de la cuestión o hilo de Ariadna, donde la musa es Artemisa y la finalidad del misterio, la luz de oro final y el mágico premio que contiene, nuestro crisol, ya primeramente.
Ignasi Puig
Director de la revista de arte "Oniric Dia"